Claire sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Emily, mírame bien, ¿de acuerdo?
Podría haber sido la imagen de niños y una serpiente.
Emily no respondió.
Claire cambió de posición.
—Quiero que vayas a un lugar seguro.
—No puedo… no puedo hacer ruido…
Los pasos se acercaban.
Un paso.
Como una mano contra la pared.
Emily susurró: —Más rápido.
—Papá está enojado porque… porque lo encontré abierto…
Claire se detuvo en seco al oír la palabra.
Abrir.
—¿La caja? ¿El terrario?
—Sí…
Los pasos se detuvieron.
Y en el silencio, Claire oyó algo que no era la voz de Emily.
Un sonido amortiguado.
Una especie de respiración.
Como aire siendo forzado a través de un gran bolsillo.
Claire no pudo distinguir si era un animal o una persona conteniendo la respiración.
Entonces se rompió el silencio.
El último silbato sonó como una puerta que se cierra de golpe en la cara.
Y Claire miró fijamente la pantalla como si pudiera volver a abrirla con los ojos.
A cuatro kilómetros de distancia, el coche patrulla giró hacia Maplewood Drive.
Daiel vio la casa y pensó lo mismo de siempre: algo peligroso.
No lo parece.
Excrementos blancos.