No es venganza.
Es marcharse con la frente en alto… mientras quienes te traicionaron finalmente enfrentan las consecuencias que jamás imaginaron.
En definitiva, el riñón que le doné a Daniel no fue lo más valioso que perdí.
Fue la confianza.
Y a diferencia de los órganos…
no se regenera.
Esta historia está inspirada en hechos reales. Algunos detalles pueden haber sido modificados con fines narrativos.