Le doné un riñón a mi marido; un año después, lo encontré con mi hermana.

No es venganza.

Es marcharse con la frente en alto… mientras quienes te traicionaron finalmente enfrentan las consecuencias que jamás imaginaron.

En definitiva, el riñón que le doné a Daniel no fue lo más valioso que perdí.

Fue la confianza.

Y a diferencia de los órganos…

no se regenera.

Esta historia está inspirada en hechos reales. Algunos detalles pueden haber sido modificados con fines narrativos.