Me acerqué a la recepción.
—Hola, vengo por Sierra Adams —dije alegremente.
La recepcionista sonrió y me indicó que siguiera por el pasillo.
"Habitación 312."
Mis tacones resonaron suavemente en el suelo.
Y entonces la oí.
La voz de Kevin.
Clara.
Inconfundible.
Lo primero que pensé fue confusión. Quizás la reunión se había pospuesto. Quizás quería darme una sorpresa.
Disminuí la velocidad.
La puerta de la habitación 312 estaba entreabierta.
No tenía intención de escuchar a escondidas.
Pero entonces la oí reír.
"Todavía se cree todo lo que le digo."
La bolsa de regalo se movió en mi mano.
"Cree que todas esas noches sin dormir son por trabajo. Mientras tanto, sigue pagando las facturas. Es perfecta para eso. Una verdadera mina de oro."
Jadeé.
Otra voz habló.
Mi madre.
"Déjala comer algo", dijo Diane con dulzura. "Tú y Sierra merecen ser felices. Además, ella nunca les dio un hijo. Es un fracaso."
Apoyé la palma de la mano contra la pared.
El pasillo parecía más estrecho.
La voz de Sierra se escuchó a continuación: suave, casi soñadora.
"Cuando nazca el bebé, no tendrá opción. Seremos una familia. Una familia de verdad." "Gracias por tu ayuda, Kevin. Me aseguraré de que seamos felices."
Mi corazón latía tan fuerte que pensé que alguien podía oírlo.
Ahí estaba Kevin otra vez.