Al regresar a casa, la casa se sentía diferente, más pesada. En la habitación de Andrew, busqué con cuidado hasta que encontré una pequeña caja escondida entre sus cosas. Dentro había papeles que revelaban algo profundamente preocupante: una cita médica reciente había sido cancelada sin mi conocimiento. También había notas escritas por Andrew, que mostraban que había estado preocupado e inseguro, pero que no quería causar conflictos. Luego encontré un mensaje que me había enviado ese mismo día, describiendo cómo se sentía mal y no sabía qué hacer. Escuchar su voz, llena de un miedo silencioso, lo dejó todo dolorosamente claro: había intentado comunicarse conmigo.
A la mañana siguiente, regresé al hospital con todo lo que había encontrado. Lo compartí con los médicos, decidida a asegurarme de que no se pasara nada por alto. A partir de ese momento, la atención se centró por completo en el cuidado y la seguridad de Andrew. Recibí apoyo de personas que comprendían la gravedad de la situación, y se tomaron medidas claras para garantizar su bienestar en el futuro. Sentada a su lado de nuevo, le tomé la mano e hice una promesa silenciosa: siempre sería escuchado, siempre estaría protegido. Pase lo que pase, lo afrontaría con la misma determinación.