Últimamente, sin embargo, me preguntaba más por Andrew.
Siempre le había dicho la verdad, tal como la entendía. Me quedé embarazada a los diecisiete, cuando Andrew y yo estábamos en pleno primer amor. Cuando se lo conté, sonrió y asintió, prometiendo que lo resolveríamos juntos.
Al día siguiente, desapareció. Nunca volvió a la escuela. Cuando corrí a su casa esa tarde, había un cartel de "SE VENDE" en el jardín y la familia se había ido.
Esa fue la historia con la que viví durante dieciocho años.
Me preguntaba más por Andrew.
***
Leo bajó la mirada hacia la mesa. —Necesito que no… te enfades conmigo.
—Cariño, no te prometo nada hasta que sepa la verdad.
Tragó saliva. —Me hice una de esas pruebas de ADN.
Por un momento, me quedé mirándolo fijamente.
—¿Hiciste qué?
—Lo sé —dijo apresuradamente—. Debería habértelo dicho. Solo… quería encontrarlo. O a alguien relacionado con él. Tal vez un primo o una tía, cualquiera que pudiera decirme por qué se fue.
—¿Hiciste qué?
El dolor me invadió rápidamente, no porque mi hijo quisiera respuestas, sino porque las merecía, y había ido a buscarlas solo.
—Leo —dije suavemente—.
—No quería hacerte daño.
Froté la esquina del paño de cocina entre mis dedos. —¿Lo encontraste?
Su voz se apagó. —No, mamá.
Asentí una vez, como si no me hubiera dado en las costillas.
—No quería hacerte daño.
—Pero encontré a su hermana.
Levanté la vista. —¿Su qué?
—Su hermana. Se llama Gwen.
Solté una risita corta e incrédula. —Andrew no tenía hermana, cariño.
—Mamá.
—No, quiero decir… bueno, es complicado, Leo.
Mi hijo frunció el ceño. —¿Sabías de ella?
—Pero encontré a su hermana.