Parecía que pertenecían a alguien que sabía que lo que escondía debía permanecer en secreto.
Dentro, algo se movía lentamente.
Una sombra enroscada.
Un cuerpo pesado.
Maria sintió que sus instintos primarios se desvanecían.
Pero miró a Emily.
Y lo entendió.
El animal era real.
Pero el miedo era algo completamente distinto.
Daiel salió de la habitación tras ellos.
Su mirada se posó en Emily.
Por los moretones.
Luego cruzó el campo.
Y se detuvo.
—¿Tu padre te deja hacer todo esto sola?
Emily negó con la cabeza.
—Dice que si me porto bien... no me hará nada.
Maria sintió un nudo en el estómago.
—Emily, ¿qué significa "portarse bien"?
Emily permaneció inmóvil.
Como si la pregunta fuera una trampa.
Como si responderla pudiera abrir una puerta aún peor.
—¡Abajo! —gritó Thomas desde las escaleras.
—¡Emily, no digas nada!
Maria se paró frente a Emily sin tocarla.
Solo le cubrió los ojos.
Daiel respondió con firmeza.
—Señor, cállese y quédese donde está.
Se oyeron pasos pesados.
Como si Thomas hubiera intentado subir.
Otro ruido.
La puerta principal se cerró.
Llegaron refuerzos.
Emily se estremeció.
"Se va a enfadar..."
María habló lentamente.